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domingo, 13 de enero de 2013

CREDIBILIDAD DEL TESTIMONIO DE MENORES VÍCTIMAS DE ABUSOS SEXUALES

Hasta no hace mucho, se desestimaba sistemáticamente como indicadora de abuso cualquier evidencia física que presentaran los niños, y se hacía lo propio con sus declaraciones, pues se consideraba a los niños cognitivamente incompetentes, faltos de moral, seres promiscuos y seductores, o dementes que inventaban falsas acusaciones (Garrido y Masip, 2001). Poco a poco el número de denuncias de casos de abuso sexual han ido incrementándose notablemente, lo cual muestra una superación de estas visiones negativas de las alegaciones infantiles. Sin embargo, el número de casos "infundados" también es mayor. Esto se debe a diversos factores y, entre ellos, a una tendencia en los profesionales a creer sin ningún cuestionamiento toda acusación formulada por un menor y al empleo de técnicas inadecuadas de entrevista que contribuyen a confirmar alegaciones falsas.

Autores como Sachsenmaier y Watson (1998) describen una serie de errores que a menudo contribuyen a confirmar falsas acusaciones o a crear una falsa memoria en el menor.  Algunos de estos errores son:
  1. Preguntar al niño si lo que dice es verdad o es mentira. A menudo los más pequeños no diferencian entre mentira y equivocación.
  2. Estos autores critican que algunos entrevistadores consideren que si el niño dice que el abuso sucedió entonces dice la verdad, mientras que si lo niega es que miente.
  3. Algunos evaluadores no son conscientes de que los dibujos anatómicamente correctos difieren de cualquier cosa que un niño pequeño haya visto antes, y probablemente produzcan reacciones emocionales fuertes.
  4. Empleo de preguntas que sugieren la respuesta.
  5. Empleo de preguntas Sí/No.
  6. Creer en toda alegación, por muy improbable que sea, o racionalizar como creíble lo increíble.
  7. Cometer el error de Otelo*: algunas conductas que muestran algunos niños abusados también pueden deberse a otras posibles causas que hay que examinar. 
  8. Interpretar la conducta normal bajo una nueva luz como indicadora de que el abuso ha sucedido.
  9. Técnicas de refuerzo selectivo ante información que sugiere que el abuso sexual se ha producido.
  10. Formular las conclusiones "favoritas" en base a datos parciales, desestimando la información desconfirmatoria.
  11. Empleo inapropiado de la autoridad. Por ejemplo, entrevistar al niño delante de sus padres o cuidadores, mostrar la propia autoridad como policía uniformado, etc.
  12. Combinar los roles de entrevistador forense y terapeuta. "El evaluador realiza un examen imparcial de los datos, el terapeuta actúa como abogado del niño. Uno no puede hacer ambas cosas al mismo tiempo".
  13. Ser entrevistado en repetidas ocasiones y por profesionales poco preparados para ello. Esto no sólo supone un nuevo abuso para el niño (victimización secundaria, por parte del sistema penal), sino que además puede distorsionar su recuerdo de los hechos tal y como sucedieron.
  14. No grabar en audio o vídeo la entrevista: Una única entrevista forense inicial, bien conducida y que se grabe, debería de eximir al niño de toda participación posterior en los procedimientos judiciales, lo cual evitaría su victimización secundaria a manos del sistema de administración de justicia y no demoraría el inicio de su tratamiento.
  15. Dar por sentado que el niño nunca miente.
En relación a este último punto, investigaciones han demostrado que los niños tienen capacidad para mentir desde muy pequeños (en juegos, cuando un adulto se lo pide...) y los adultos son incapaces de detectar su mentira. Esto es un problema en casos de abuso sexual infantil, ya que en los tribunales siempre se va a cuestionar, por la propia naturaleza del sistema de administración de justicia, la declaración de las partes enfrentadas, especialmente cuando los hechos que narran una y otra no concuerdan. Cuando hay evidencia del abuso no supone un problema. Pero esto no es siempre así:
  • Normalmente el agresor dispone las cosas de manera que no haya testigos visuales de la agresión.
  • Dado que la mayoría de los casos éste no es un delito violento, a menudo no hay evidencia de traumatismo físico alguno. Puede además no haber evidencia física de actividad sexual.
  • Incluso, cuando hay evidencia médica, ésta puede, en el mejor de los casos,  ser un indicador de que el abuso ha ocurrido, pero difícilmente permitirá identificar a un perpetrador específico.
  • No hay indicadores conductuales que, en y por sí mismos, señalen que el niño ha sufrido abuso sexual. Si bien las conductas sexualizadas son más frecuentes entre víctimas de abuso, también se dan en niños no-abusados, y dependen en gran medida del contexto cultural y familiar del niño, de forma que no se puede saber cuál es la conducta normativa de un niño determinado. Así mismo "no hay síndromes conductuales específicos que caractericen a las víctimas de abuso sexual" (Lamb,1994)
  • Los acusados no suelen confesar, a no ser que se les convenza de que se ha prestado credibilidad a las declaraciones del niño; quizás esto se deba al profundo rechazo social frente a los delitos sexuales, especialmente cuando la víctima es menor de edad, lo cual puede causar profundo malestar en el culpable con lo que no confesará hasta el último momento.
  • Negación de los padres.
  • Las técnicas de investigación utilizadas por los defensores de la ley o servicios de protección son de baja calidad.
  • En ocasiones, el juicio profesional de si el abuso se ha producido o no se basa en aspectos irrelevantes para dicho juicio.
En contextos jurídicos, la mejor estrategia es un acercamiento neutral al tema, sin presuponer ni la realidad ni la falsedad de las alegaciones. Para ello, se ha desarrollado una técnica que pretende evaluar la validez (coincidencia con la realidad) del testimonio infantil, basándose exclusivamente en lo que en muchos casos es la única evidencia en casos de abuso infantil: la propia declaración del niño.

Esta técnica es el Análisis de la Validez de las Declaraciones (SVA), que integra un análisis comprensivo de la competencia verbal y cognitiva, información biográfica y de la relación entre el agresor y la víctima. Su componente principal, el Análisis del Contenido de la Declaración Basado en Criterios (CBCA), se refiere al análisis de los contenidos de las declaraciones a través de 19 criterios de credibilidad. Consiste en una entrevista semi-estructurada que daría pie a la obtención de la información posteriormente analizada dando la posibilidad de diferenciar entre los enunciados verdaderos y aquellos que no lo son (Steller, 1989). Finalmente, tras evaluar la calidad del testimonio con el CBCA han de tenerse en cuenta once criterios de validez agrupables en cuatro categorías generales (Steller, Raskin, Yuille y Esplín (1989).

Bibliografía consultada:

Jiménez Gómez, Fernando (Coord.) (2001) "Evaluación psicológica forense. Fuentes de información, abusos sexuales, testimonio, peligrosidad y reincidencia" Salamanca. Amarú Ediciones. Colección Psicología. Tomo 1

Muñoz García, Juan Jesús; Navas Collado, Encarnación; Graña Gómez, José Luis (2003) "Evaluación de la credibilidad mediante indicadores psicofisiológicos, conductuales y verbales"

*Error de Otelo: El error de Otelo toma su nombre de la tragedia de Shakespeare del mismo nombre. Da origen a errores de incredulidad, en lo que se incurre cuando se pasa por alto que una persona que está diciendo la verdad puede presentar el aspecto de una persona que miente si está sometido a tensión. Se olvida que una persona sincera puede estar asustada porque sospeche que no va a ser creída, por sus vivencias o por la propia situación evolutiva. El evaluador puede confundir esta situación con una situación de engaño o simulación, no dando credibilidad al testimonio.

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